El viernes de la semana pasada, Federico Jiménez Losantos y César Vidal se despidieron de sus respectivas audiencias, agradeciendo con elegancia a la cadena COPE los años de libertad que han disfrutado hasta ahora. Más que agradecimiento, fue un homenaje el que les rindieron a ambos comunicadores sus oyentes en tono generalmente melancólico, a veces sollozante, recordando con nostalgia el pasado y lo mucho que los dos han hecho por España, la libertad y las víctimas del terrorismo y del nazionanismo.La COPE también fue cordial con FJL y CV cuando anunció este martes sus nuevos fichajes. ¡Eso sí que fue para llorar! Una plantilla gris de comentaristas de tercera fila, todos ellos extraordinariamente centristas, meapilas y cariñosos con el poder, muy a gusto de la casa. Tengo verdaderas ganas de ver cómo esa constelación de estrellas del periodismo consigue recuperar al medio millón de oyentes que Federico había ahuyentado de la cadena, según datos de Cristina López Schlichting, la Osa Mayor —cuya audiencia por cierto, es aproximadamente la mitad de esa cifra—.
Fácil es aventurar una importante pérdida de oyentes de la COPE, incluso un descalabro en sus dos programas principales, La Mañana y La Linterna; sin embargo, es dudoso que eso pueda rentabilizarlo una emisora local recién creada como esRadio, por mucho que se pueda escuchar por internet, a través de la TDT o mediante emisoras asociadas, que siempre serán insuficientes. Por eso, aunque como liberal, siempre recibo con alegría el nacimiento de un nuevo medio de comunicación, cualquiera que sea su línea editorial —pero especialmente, si es liberal-conservador, como es el caso—, esta vez mi entusiasmo se ve amortiguado por la realidad.
Podrá decirse que la creación de esRadio incrementa el pluralismo mediático, ya que donde antes había una radio, ahora hay dos, pero eso es puro autoengaño. La fundación de la emisora de Libertad Digital no es más que la consecuencia de un intento de acallar a periodistas independientes y el capítulo final de la desactivación, por parte de la casta política y poderes fácticos anejos (entre ellos la corona), de los movimientos cívicos que tomaron la calle la pasada legislatura (AVT, Foro de Ermua, Ciudadanos, UPyD…) en defensa de las víctimas del terrorismo y de la unidad de España.
Quizá porque soy consciente de que el régimen partitocrático que padecemos desde hace 30 años aplasta sin miramientos cualquier intento de regeneración de social que ponga en peligro el dominio absoluto de los partidos sobre el estado y sobre la masa, o quizá porque las pasadas elecciones del 7 de junio me han enseñado que la derecha sociológica es bastante menos crítica de lo que pensaba y está dispuesta a tragar con Rajao y el Congreso de Valencia (lo cual puede ser extrapolable en materia radiofónica), no veo con muchas esperanzas el futuro de esRadio, al menos a corto-medio plazo. Nada me gustaría más que equivocarme. Lo que de momento parece claro es que del hundimiento de la COPE, saldrán ganando Onda Cero e Intereconomía, pero la que perderá no será la Conferencia Episcopal, sino la libertad de expresión.
Seguro que después de esta gesta, Coronel de Palma pronto vestirá los galones de general, como mínimo. La famosa respuesta que dio José María García a Nemesio Fernández-Cuesta ha resultado profética: la COPE se ha convertido en el ejército de Pancho Villa…





